TRANSGENICOS,
TE GUSTE O NO
La dictadura se puede ejercer de muchas y variadas formas. En los
tiempos que corremos y en los países “civilizados”, la
manipulación de la información y el impedimento a que la verdad
salga a relucir es una magnífica forma de ejercerla.
Eso es lo que está haciendo Monsanto, la empresa multinacional
líder en el campo de la biotecnología. Hasta ahora y que se sepa,
ha impedido en 1.997 la emisión de un programa documental en la Fox
TV, que se venía preparando hacía 2 años, sobre la hormona de la
leche fabricada por Monsanto.
En agosto de 1.998, el doctor Arpad Pusztai, del Instituto Rowett
de Aberdeen (Escocia ) publicó que las ratas tratadas geneticamente
sufrían severos impactos en su sistema inmunológico. A las 48 horas
se le prohibió hablar sobre el asunto y más tarde fue despedido de
su trabajo y cerrada esa línea de investigación. Seis meses
después, 20 científicos internacionales demostraron que Pusztai
estaba en lo cierto. El virus de la coliflor, el posible causante
de esa alteración, es el mismo que Monsanto utiliza en su soja
transgénica.
Y lo más impresionante sucedió en octubre de 1.999, cuando
destruyeron todos los ejemplares de la revista Británica “The
Ecologist” dedicada en exclusiva a la poderosa corporación,
en la misma imprenta, la revista más emblemática del pensamiento
ecologista en los últimos treinta años y que no había fallado un
número desde su publicación. Nadie dio una explicación. Nadie
quiere o puede rebelarse a ese poderoso monstruo que es
Monsanto.
¿Qué nos quieren ocultar con tanto interés?
Por supuesto los artículos de la revista trataban sobre esta
poderosa multinacional que desde hace 98 años se dedica a la
fabricación de plaguicidas, aditivos químicos y medicamentos.
Tienen oficinas en un centenar de países y sus negocios rondan los
10.000 millones de dólares anuales. Son los creadores de el Agente
Naranja, el trístemente célebre desfoliante utilizado en la guerra
de Vietnam. La versión con dioxina mataba personas. También
Monsanto fue el único fabricante de PCBs (compuestos clorados)
prohibido por el Congreso de los EE.UU. en 1.976 por su riesgo
cancerígeno y daños al sistema reproductivo.
Posee y comercializa Aspartamo, comercializado como Nutra-sweet e
introducido a través de los vacíos en la legislación. Es el
edulcorante más extendido del mundo gracias a su incorporación en
la Coca-Cola y ampliamente conocido como una droga asociada a
efectos cancinógenos. Ha sido acusado en los EE.UU. de provocar
ceguera, convulsiones, estados de coma y tumores cerebrales.
Ya han introducido la hormona de crecimiento vacuno rBGH en las
vacas para que produzcan un 20% más de leche. Esta hormona les
provoca muchas infecciones, que obliga a una supervisión médica
constante y a tratarlas con antibióticos que luego pasan al
consumidor. Su leche contiene también niveles altos de pus. Hay
asimismo estudios científicos que la relacionan con la aparición y
aceleración de distintos tipos de cánceres. El canal de televisión
canadiense CBC dio la noticia de que Monsanto había ofrecido 2
millones de dólares a la Agencia de Sanidad de Canadá por conseguir
la autorización de la hormona sin tener que presentar nuevos
informes ni estudios. La implantación de esta hormona está
arruinando a millares de pequeños ganaderos en los EE.UU.
Han desarrollado la soja manipulada Roundup Ready, creada para ser
resistente a su herbicida. Con esta soja transgénica, el agricultor
puede arrojar tres veces más herbicida y arrasar con todo menos con
las plantas modificadas. Fabrican también el herbicida Roundup, el
más usado del mundo: en EE.UU. se rocían cada año 11.800 toneladas
de ese producto y en España 200.000 agricultores lo usan
actualmente. El glifosfato, su agente activo, es sumamente tóxico
para los animales y las personas.
La ingeniería genética consiste en separar el ADN de un organismo y
ponérselo a otro. Por ejemplo cortan genes (trozos de ADN) de
humanos y se los colocan a cerdos y a peces para hacerlos crecer
más rápidamente, o genes de escorpión al maíz para que la planta
desarrolle su propio insecticida. De esta manera, a través de esas
mutaciones, se crean organismos que nunca habían existido antes en
la Tierra.
La soja transgénica no es más barata ni más sabrosa ni más
saludable. Ofrece muy pocos beneficios al consumidor y al medio
ambiente y los peligros hoy en día son bastante desconocidos. El
cruce con variedades cercanas podría dar lugar a mutaciones con
resultados imprevisibles. Deberían estar todavía en una fase previa
de experimentación, pero lo peor es que lo están haciendo con
nosotros. Todavía se sabe muy poco sobre la interacción entre
varios genes juntos en un organismo diferente, o quizás sepan mucho
y por eso nos lo quieren ocultar a toda costa.
La soja (en forma de aceite, harina o lecitina) y el maíz son los
alimentos manipulados genéticamente más comunes y se usan en el 80%
(60 y 20% respectivamente) de los alimentos procesados. También se
usan como ración para animales de consumo. La soja manipulada
genéticamente tiene genes de la petunia, una bacteria y un virus y
constituye un ingrediente común en el pan, margarina, comida para
bebés, helados, mayonesa, galletitas, tortas, chocolate, fideos,
comida vegetariana y cerveza.
EE.UU. es el mayor productor de soja del mundo (135 millones de
toneladas), y casi la mitad (62 millones de toneladas) es
transgénica. España es el mayor productor de maíz transgénico de
Europa (entre 12.000 y 18.000 hectáreas). Desde 1.992 llevamos
autorizando cientos de cultivos experimentales. Se han realizado
más de 200 plantaciones de ese tipo, con 20 especies vegetales
distintas.
Los cultivos transgénicos en la Unión Europea cuya producción
estamos ya consumiendo son: algodón, soja, maíz, colza, patata,
tabaco, clavel, tomate, calabaza amarilla, papaya, melón, achicoria
y remolacha. Cuando Vd. lea esto, quizás la lista sea mucho más
numerosa.
Hoy en día, el 20% de los productos que podemos adquirir en un
supermercado, o sea, alrededor de 30.000, están en mayor o menor
medida dañados genéticamente. Hay ya 35 millones de hectáreas de
cultivo transgénico. Y esto acaba de empezar.
Entre las empresas y multinacionales que se apuntan al carro de la
biotecnología están: Coca-cola, Fritos de maíz, Gigante Verde,
McDonald’s, Smack’s de Kellogs, aderezos para ensalada,
margarina Fleishmann, mantequilla Land o Lakes, galletas Príncipe o
Pepito Doble Choc de LU, Mars o jarabe de maíz Karo Corn. Los
productos de las casas Nestlé como los chocolates o el Nesquik,
Marks & Spencer, Lindt, Findus, Gervais o Danone, tampoco se
oponen al uso de ingredientes transgénicos en sus productos. Quien
sí lo hace por ejemplo son las casas Kraft, Jacobs, Suchard,
Gerblé, Ducros, Barilla, Maizena, Bjorg o Ferrero que se oponen al
empleo de la biotecnología en sus productos.
Los datos corresponden a 1.999 que es cuando escribí este
artículo.
Nadie nos ha preguntado si queremos esto y no nos indican en qué
productos está. Cuando han lanzado al mercado un producto
manipulado con su consiguiente etiqueta indicándolo, como fue el
caso del tomate transgénico llamado Flavr Savr, el asunto no
prosperó. Por eso utilizan ahora la soja transgénica, muy difícil
de evitar por entrar en la composición de numerosos
productos.
Ya han causado alergias debilitantes, inmunodepresión, alteraciones
en el sistema hormonal, incapacidades permanentes y muerte. Debido
a una mortífera toxina creada durante la producción de triptófano
genéticamente diseñado, murieron 37 personas y otras 1.500
resultaron con incapacidad permanente.
En Francia, el Reino Unido y sobre todo en la India, los campesinos
están movilizándose y quemando los silos donde se almacenan las
semillas, para que no se mezclen a través de la polinización o la
infección de algún virus, a los campos circundantes y esparzan la
contaminación genética.
Las ganacias sólo son para ellos al aumentar la durabilidad del
producto en tiendas y estanterías, al aumentar la compatibilidad de
las plantas y los pesticidas y herbicidas de su misma industria
química, pudiendo usar más cantidad y aumentar sus ventas, y
mediante las patentes encareciendo las semillas, etc.
La excusa de erradicar el hambre en el mundo no vale, ya que el 80%
de niños con desnutrición vive en países con excedentes agrícolas.
La solución es política y económica, no de falta de producción. El
interés real es facilitar su cultivo en paises de mano de obra
barata y su transporte, en buen estado aparente, por medios lentos
pero baratos como el barco. Esto hundiría las economías del Tercer
Mundo como ya está empézando a hacer.
Con el sistema de patentes y la compra de numerosas empresas de
semillas en todo el mundo por valor de varios miles de millones de
dólares, Monsanto está monopolizando el mercado de alimentos
global. El sistema creado por Monsanto consiste en hacer estériles
a las semillas. De esta forma, los agricultores se ven obligados a
comprarlas cada año a las empresas multinacionales (con un plus de
“tecnología” de 1.000 pesetas por saco). Los
agricultores más pobres, los que alimentan a 1.500 millones de
personas en el mundo, no pueden afrontar este gasto añadido
comprando año tras año las semillas.
Gracias a la obtención de patentes sobre los cultivos, Monsanto
está estableciendo contratos con clausulas abusivas y feudales:
obligar al uso de sus semillas, prohibir no intercambiar ni
quedarse con semillas, permitir la entrada de sus inspectores en
cualquier momento, etc. Ya han llevado a juicio a 500 agricultores,
con multas de 10.000 a 35.000 dólares. Para amedrentar a los otros
agricultores, introduce anuncios en la radio en los que da los
nombres de los que han violado sus leyes.
Esta empresa, con más poder que muchos países, ha conseguido
introducir en el mercado mundial estos experimentos sin etiquetar y
sin pruebas cuidadosas apoyada por la Administración de Fármacos y
Alimentos, por la Agencia de Medio Ambiente y otros organismos
públicos de los EE.UU. Varios directivos de Monsanto han
desempeñado puestos clave en la Administración de los EE.UU., al
tiempo que altos cargos del Gobierno de Clinton trabajan ahora para
Monsanto. El compadreo entre Administración e Industria llega hasta
el Reino Unido donde el responsable de la Agencia de Medio Ambiente
cobró cerca de 250 millones de pesetas por permitir a Monsanto
experimentar en una de sus fincas. Más indignante fue descubrir que
8 de las 13 personas encargadas de supervisar la autorización de
alimentos transgénicos, tenían vínculos con las Empresas
productoras.
El gobierno norteamericano amenaza a las naciones con guerras
comerciales si ellos etiquetan o rechazan los alimentos
genéticamente manipulados que les “ofrecen”.
Un descubrimiento nunca es dañino en si mismo y es inherente a la
evolución. Lo malo es el uso que se le da. La ingeniería genética
ha caído en manos de ambiciosos y poderosísimos especuladores que
ven en este invento una forma de enriquecerse aún más a costa de lo
que sea. ¿Les suena de algo las guerras?
Con buenas palabras, con la excusa de ser la solución para el
hambre en el mundo, manipulando la información y muy bien apoyados,
lo que en realidad consiguen es, jugando a Frankensteines con
nuestra salud y quizás con la evolución misma al alterar algo tan
fundamental como es el código genético de las especies, abusar de
los pequeños agricultores a los que explotan y destrozar las
economías de los países más pobres. Al final es lo que siempre se
quiere “evitar” y siempre se consigue, que los ricos
sean más ricos y los pobres sean cada vez más, y más pobres. ¿Qué
piensan comer ellos? ¿Y sus hijos?
Acabando este artículo, leo en El País del 2 de mayo un recorte en
el que Nestlé y Unilever, dos de las mayores multinacionales
alimentarias de mundo, debido al descenso en las ventas y
recogiendo las quejas de los consumidores, han decidido prescindir
de los alimentos transgénicos. El Gobierno laborista de Tony Blair
sigue apoya la industria de la biotecnología, “capaz de
generar unas cosechas sumamente valiosas en el terreno
económico”.
Espero que sea verdad y que todos los demás hagan lo mismo. No me
gustaría que acabásemos como los mutantes de las revistas de
ciencia ficción ubicadas en el siglo XXI.
“Un grano no hace granero pero ayuda a su compañero”.
La protesta de un consumidor no hace más que ayudar a la de los
otros consumidores a tener la fuerza suficiente para que
multinacionales de esta talla cambien de política y abandonen esta
forma de ambición desmedida. Un apaluso para ellos.
Bibliografía:
Prohibido hablar de Monsanto. Esteban Cabal.
Frankenfood, la comida transgénica está servida. Peter
Ligotti.
Todo sobre alimentos transgénicos. Greenpeace
España, “paraíso” de los transgénicos. Ricardo Aguilar.
Lo que no quieren que sepamos sobre los alimentos manipulados
genéticamente. Asociación “Vida Sana”
“Aditivos y conservantes autorizados en
España”