MENTIRAS
FUNDAMENTALES DE LA IGLESIA CATÓLICA
Este es el título de un impresionante libro escrito por D. Pepe
Rodríguez que acabo de leer y que he intentado resumir para
compartir con todo el que le interese, algunos de los aspectos más
importantes de uno de los mayores fraudes de la historia. Es un
libro meticuloso, escrito con mucho rigor y donde se limita
exclusivamente a analizar las Escrituras y lo que han hecho con
ellas nuestra querida Iglesia católica.
Aunque recomiendo su lectura, quizá os pase como a mi, que tras una
ardua e infructuosa búsqueda por las librerías de Madrid, una
dependienta me señaló que los del Opus Dei hacen batidas y se
llevan todo lo que se escribe en contra de su doctrina. Por si os
pasa esto, aquí podréis encontrar los datos que he considerado más
interesantes sobre esta increíble manipulación.
He contrastado y añadido también fragmentos del libro de Fernando
de Orbeneja “Lo que
oculta la iglesia”, “El libro prohibido del
cristianismo” de
Jacopo Fo y “La
iglesia católica” del teólogo suizo y actualmente sacerdote Hans
Küng.
"Desde tiempos inmemoriales es sabido cuán provechosa nos ha
resultado esta fábula de Jesucristo"- Carta del Papa León X al
cardenal Bembo.
"Cristo predicó el reino de Dios, pero vino la Iglesia". Alfred
Loisy
"La verdad os hará libres", la mentira creyentes.
EL
NUEVO TESTAMENTO
Curiosamente los textos elegidos no se empezaron a escribir hasta
mucho después de la muerte de Jesús, entre el último cuarto del
siglo I y primero del II d.C., a excepción de las epístolas de
Pablo que fueron dictadas, ya que tenía muy mala visión, entre los
años 51 y 63 d.C.
El 79% del Nuevo Testamento proviene de autores que jamás le
conocieron. Las incoherencias tremendas que se aprecian resultan
más chocantes si tenemos en cuenta que los textos fueron declarados
"inspirados" y que fueron seleccionados entre 60 evangelios
diferentes. Se descartaron textos de los Apóstoles Tomás, Pedro,
Andrés, Tadeo, Bartolomé, Pablo, o Santiago y fueron declarados
apócrifos (llamados así al principio los textos ocultos para uso
privado, pero con las primeras luchas para lograr el control de la
ortodoxia cristiana, apócrifo pasó a designar primero textos de
dudosa autenticidad y después, escritos nada recomendables). Si una
idea ganaba quedaba establecida como ortodoxa, pero si perdía se
convertía en herejía.
Los evangelios seleccionados citan a menudo textos apócrifos y de
los primeros padres de la Iglesia, de hecho los textos canónicos de
Marcos, Mateo, Lucas y Juan fueron rechazados por los primeros
apologistas cristianos hasta San Justino (100-165 d.C.).
La selección de los textos tuvo lugar en el Concilio de Nicea
(325). Se realizó por medio de la "elección milagrosa" y se han
conservado cuatro versiones para explicar cómo sucedió:
1- Después de rezar mucho los cuatro textos volaron hasta posarse
sobre un altar.
2- Se colocaron todos los textos sobre un altar y los apócrifos
cayeron al suelo.
3- Elegidos los cuatro se conminó a Dios para que si hubiera alguna
palabra falsa cayeran al suelo, cosa que no pasó.
4- Penetró el Espíritu Santo en forma de paloma y posándose en el
hombro de cada obispo les susurró qué evangelios eran los
auténticos.
Y eso que hubo una ajustada votación, mayoritaria, que no unánime,
para su elección.
El Evangelio de Marcos (que ocupa el 7%) es el documento mas
antiguo de los canónicos dedicados a la vida de Jesús. Fue escrito
por un tal Juan de Jerusalén, de nombre latino Marcus, en el año
75-80 d.C. y el final fue cortado después de Mc 16,8. Ni fue
discípulo suyo ni le conoció personalmente, escribió sólo de lo que
le oyó relatar públicamente a Pedro.
El Evangelio de Lucas y Los Hechos de los Apóstoles (que ocupa un
23%) del mismo autor, fueron escritos también de oídas y plagiando
documentos anteriores de diversas procedencias: del historiador
Flavio Josefo, del Antiguo Testamento, de Mateo, de Marcos y de lo
que le escucha a Pablo, que fue su compañero. Lo escribió al final
del siglo I d.C. en Roma.
Mateo (14%) en realidad se llamaba Leví y era un judío que
trabajaba como recaudador de impuestos. Cambió su nombre cuando se
hizo apóstol. Parte de su evangelio lo tomó de Marcos (no apóstol),
de pasajes proféticos del Antiguo Testamento y de fuentes no
judías. Su Evangelio, que encabeza el canon del Nuevo Testamento
católico, está muy manipulado y lleno de fantasía y se escribió
seguramente entre el 85-90 d.C. en Egipto.
Juan Zebedeo si fue apóstol pero el Evangelio de Juan y el
Apocalipsis (20%) fueron escritos por otro Juan, Juan el anciano,
un griego cristiano que se basó en textos hebreos y esenios y en
los recuerdos de Juan el Sacerdote, identificado como el "discípulo
querido" de Jesús. En su casa seguramente se celebró la Ultima
Cena, sentándose él a su lado como era costumbre. Fue escrito al
final de la primera década del siglo II d.C. en Asia Menor.
Las Epístolas de Pablo (29% del Nuevo Testamento) provienen de otro
no testigo y son los documentos cristianos más antiguos que se
conservan. Según los expertos en exégesis bíblica, la mitad de las
catorce epístolas son falsas y fueron escritas por personas ajenas
a Pablo aunque firmadas con su nombre.
Saulo de Tarso, su nombre judío anterior a Pablo, fue un hombre de
un talento y una capacidad organizadora indiscutibles y fue llamado
el "apóstol de los gentiles". Probablemente pertenecía al partido
extremista de los zelotas y fue un fanático perseguidor del
cristianismo hasta su "conversión" el 37 d.C., año siguiente a la
crucifixión, y producida tras un "exceso de revelaciones" en las
que se le señalaba como agente personal del Mesías hasta su
regreso.
Saulo era una persona de un carácter muy difícil, depresivo,
fanático y paranoide, una salud física muy endeble y con ataques de
epilepsia. Iba acompañado de un comportamiento violento y se dice
de él que "devastaba la Iglesia y entrando en las casas, arrestaba
a los hombres y los hacía encerrar".
Atormentado por sus males físicos y aspecto poco agraciado (feo,
calvo, nariz ganchuda, piernas arqueadas, corto de vista y con un
defecto en el habla) puso su máxima energía en hacerse reconocer
como representante directo de Jesús. Y aunque nunca le conoció ni
perteneció al círculo de discípulos, llegó a llamarse él mismo
apóstol y a situar su conocimiento "revelado" por encima del de los
Apóstoles.
No es de extrañar que fuera un personaje odiado por los primeros
representantes de la Iglesia cristiana y cuando fue detenido por
los romanos no recibió el menor apoyo o ayuda por parte de las
iglesias de Jerusalén o Roma. De hecho la mayoría de las epístolas
de Pablo reflejan enfrentamientos con Santiago, Pedro y Juan, que
por entonces eran la autoridad central del cristianismo. El primero
en hablar de una “inspiración” y de declarar como
“santa palabra” los Evangelios y las epístolas de Pablo
fue Teófilo de Antioquía, a finales el siglo II.
El Apóstol Pedro sólo escribió el 2% de todos los textos
neotestamentarios. Santiago, hermano de Jesús sólo aporta otro
ínfimo 1%.
LA
HISTORIA
La leyenda mesiánica de Jesús fue conformándose progresivamente
recurriendo a la tramposa forma de hacer historia que dejó asentada
Orígenes (185-253 d.C.). Según este influyente teólogo del
cristianismo primitivo "no es posible cuestionar la veracidad de
una tradición aunque sea dudosa o esté apoyada en testimonios
insuficientes, cuando ésta supone patentemente el cumplimiento de
una profecía".
El pueblo de Israel, desde el final de su cautiverio en el siglo VI
a.C. desarrolló una profunda esperanza en el Mesías salvador.
Khristós (Cristo) es la traducción o título equivalente a Mashíach
(Mesías) empleado por la comunidad judeocristiana pero
incomprensible para los griegos. Al expandirse y helenizarse hacia
el mundo gentil, Cristo pasó a convertirse en un segundo
nombre.
Las fases que llevaron desde el judeo-cristianismo de Jerusalén
hasta el catolicismo romano fueron tres: La primera fue de
expansión, desde el año 30 hasta el 125 y llevó a la separación
entre el judaísmo y el cristianismo.
En la segunda, del 125 al 250, la pequeña secta judeocristiana se
fue transformando en una Iglesia relativamente numerosa. Es la
época de las herejías, de Orígenes y del nacimiento de la
ortodoxia. La Iglesia católica sostiene que desde el comienzo el
cristianismo tuvo una ortodoxia, eso es una fe verdadera, y que
tuvo que defenderse de múltiples herejías, pero es una afirmación
absolutamente falsa. Sólo tras la lucha encarnizada entre decenas
de sectas cristianas se llegó, a partir del concilio de Nicea, al
triunfo de la herejía católica y la imposición de la ortodoxia que
aún defiende la Iglesia actual. El concepto de herejía, que no
significa más que “la opinión elegida para sostener
algo”, en el siglo II fue pervertido por el obispo Ignacio,
creador también del concepto "católico" y lo convirtió en sinónimo
de falso, sectario, sin fundamento ni credibilidad.
Durante la tercera fase, entre el 250 y el 325, la Iglesia estuvo
básicamente ocupada el definir sus relaciones con el poder y en
transformar el cristianismo en un factor político de primer
orden.
El cristianismo en sus orígenes fue un movimiento o secta judaica
mesiánica encabezada por Santiago, hermano de Jesús. Hacia la
década de los 60 las Iglesias cristianas se habían extendido por
todo el Imperio romano, Oriente próximo y Egipto, pero cada
comunidad funcionaba de un modo muy peculiar y distinto.
La Iglesia de Roma fue fundada por personas de las que no se tiene
ningún dato, pero a mediados del siglo II y a pesar de contar con
treinta mil miembros, nadie dejó constancia de que Pedro hubiera
estado allí ni de que hubiera muerto junto a Pablo en el incendio
de la ciudad por Nerón en el año 64, como afirma la Iglesia
católica.
Con la brutal persecución de los cristianos y la derrota de los
judíos en su guerra contra Roma y su expulsión a Judea en el año
135, las comunidades judeocristianas se diseminaron, creando
diferentes ortodoxias, enfrentadas entre sí y haciendo imposible
cualquier linea sucesoria como también afirman los católicos, y ya
no dentro del judaísmo que era la linea doctrinal de Jesús, de sus
doce apóstoles y de las primitivas iglesias de Jerusalén y Roma,
sino dentro del catolicismo romano.
A principios del siglo III, el obispo Hipólito de Roma citaba
treinta y dos sectas cristianas enfrentadas entre sí y a finales
del IV, el obispo Filastro de Brescia hablaba de 128 sectas más 28
herejías. Los cristianos estaban peleados unos contra otros,
tratando de imponer cada doctrina propia al resto de seguidores de
Jesús.
Todo lo decidió Constantino, apoyando la facción católica. En el
312 y tras someter a Italia y Africa, ordenó que le fueran
restituidos todos los bienes confiscados a las iglesias, decidió la
disputa entre la Iglesia de los Santos dirigida por Mayorino y la
Iglesia católica presidida por Mensurio, en favor de la segunda. De
esta manera, el emperador compró voluntades, apoyos, decretos
conciliares a medida y sus serviciales jerarcas comenzaron a
acumular rápidamente poder y riquezas. En el año 313 con el edicto
de Milán, institucionalizó la iglesia. A partir del 315
"cristianizo" las leyes de su Imperio: donó a la Iglesia católica
grandes fincas y edificios y les autorizó a recibir herencias,
rigorizó el derecho matrimonial, reconoció la jurisdicción
episcopal, declaró festivo el domingo y ordenó construir decenas de
lujosas iglesias.
En el famoso concilio de Nicea del año 325 reunió a 300 obispos y
tras un gran banquete, les "ofreció" firmar un texto redactado por
él mismo y les hizo saber que serían desterrados inmediatamente si
se negaban a firmarlo. Hubo muchos que abandonaron el Imperio hacia
el danubio, pero la mayoría y vendidos a la voluntad arbitraria del
emperador, permitieron que impusiera algunos de los dogmas más
fundamentales de la Iglesia católica, como son el de la
consustancialidad entre el Padre y el Hijo y el Credo trinitario.
El obispo de Roma ni siquiera fue invitado.
La orgullosa iglesia estatal helenista romana apenas recordaba ya
sus raíces judías y en menos de un siglo la iglesia perseguida se
convirtió en la iglesia perseguidora. Constantino apoyado por la
Curia Romana, un antecesor de la gestapo, propugnó una política
fanática de intolerancia hacia los paganos, se castigaban con la
pena de muerte la superstición y los sacrificios y se cerraron los
templos.
Para disfrute de su magalomanía personal, se refería a sí mismo
como "obispo para asuntos exteriores", se hizo denominar "salvador
designado por Dios" y "enviado del Señor", que se le diera trato de
"nuestra divinidad", mandó tener a su palacio por templo e hizo que
se le enterrara como el decimotercer apóstol.
El que fuera tenido por la Iglesia católica como "caudillo amado de
Dios", "obispo de todos, nombrado por Dios", "ejemplo de vida en el
temor de Dios, que ilumina a toda la humanidad", fue en realidad un
emperador que frecuentaba las prácticas paganas, cruel y
sanguinario, responsable de masacres de poblaciones enteras, de
juegos de circo en los que morían destrozados por fieras u osos
cientos de enemigos, que degolló a su propio hijo, estranguló a su
esposa y asesinó a su suegro y a su cuñado.
EL
DECORADO PAGANO
La imagen de Dios fue femenina hasta el 3.500 a.C. El horror a la
esterilidad favoreció historias sexuales truculentas y ya en el
Génesis se relatan casos de cómo mujeres estériles ceden a otras
mujeres (o hijas) a sus maridos para tener hijos con ellas. Tal es
el caso de Abraham o su hermano Najor, las hijas de Lot, Jacob,
Tamar, Elcana, ...
Del horror a la esterilidad en la antigüedad se pasó a la
"intervención divina reparadora" para la consecución de tal fin. No
podemos olvidar que hasta hace apenas dos siglos era costumbre
matar a toda mujer embarazada de un hombre desconocido, salvo si la
madre anunciaba que el padre había sido un dios o un
espíritu.
Así la concepción milagrosa pasó a anunciar la venida de un
personaje notable y los relatos de anunciaciones son propios en
todas las culturas antiguas del mundo. Por ejemplo tenemos
anunciaciones en la madre de Chin-Nung o Siuen-Wu-ti en China,
Sotoktaïs en Japón, Quetzalcoatl en Méjico, Vishnú en India,
Apolonio de Triana en Grecia, Zoroastro o Zaratustra en Persia,
Amenofis III en Egipto y un largo etcétera.
Casi todos los fundadores de dinastías en Asia oriental fueron
presentados como nacidos de virgen, eso es, hijos de Dios. Todos
los grandes personajes, ya fueran reyes, sabios o aquellos que
fueron el centro de alguna religión (como Gengis Kan, Pitágoras,
Platón, Buda, Krisna, Confucio o Lao-Tse) fueron mitificados como
hijos de una virgen. En la Biblia aparecen también relatos de
nacimientos milagrosos en Sansón, Samuel o Juan el Bautista, que
culminaron con el nacimiento de Jesús.
Lo mismo ocurre con la aparición de estrellas u otras señales
celestes que anunciaban la calidad sobrenatural del recién nacido.
Eso mismo sucedió en los nacimientos de Buda, Krisna, el rey
Mitríades, Julio César, Eneas, ... En el único relato que habla de
ello, el del fantasioso Mateo, utilizó esta decoración para
autentificar el nacimiento del Mesías.
La tradición de animales adoradores y/o auxiliadores aparecen
también en culturas anteriores al cristianismo, como en Rómulo y
Remo, Tchu-Mong, Tong-Ming o Heu-Tsi.
La leyenda de Herodes mandando asesinar a todos los niños en Belén,
también fue extraído de los nacimientos de Krisna, Moisés, Abraham
o el emperador romano Augusto. Todo ello acontecido previamente
cuando Zeus quiso matar a su hijo Cronos, que luego le
destronaría.
Elegir la fecha del nacimiento de Cristo no sucedió hasta el siglo
IV, a cargo del emperador Constantino y el papa Liberio para
cristianizar y proscribir toda fiesta pagana, entre ellas el muy
popular y difundido culto a Mitra, que también nació de una virgen
en una cueva un 25 de diciembre (como Baco o Dionisos), fue adorado
por pastores y magos, fue perseguido, hizo milagros, fue muerto y
resucitó al tercer día... y donde el rito central era la eucaristía
con fórmulas idénticas a las que acabaría adoptando la Iglesia
cristiana.
Al situar la Iglesia la Navidad en el solsticio de Invierno también
lo hizo coincidir con antiquísimas prácticas religiosas solares. A
este culto al Sol al que siempre se le ha relacionado con el padre,
la autoridad y el principio generador masculino ya se habían
apuntado aparte de Mitra, Horus, Adonis, Dionisos o Krisna, siendo
éstos la antropomorfización del Sol y convirtiéndose más tarde en
salvadores.
La Resurrección de Cristo durante la pascua también tiene su origen
en la adoración a Ostara, diosa de la Primavera, fiestas paganas
muy arraigadas que la Iglesia una vez más no pudo eliminar, pero sí
adaptar a su antojo y conveniencia. También se la hizo coincidir
con la conmemoración de la resurrección anual de Adonis y con la
Pascua judía, el fin de su éxodo. Además si celebráramos una
onomástica, ésta acontecería un día fijo, pero en cambio varía cada
año, de acuerdo con la estación, no con un suceso
determinado.
En la Alejandría egipcia (cuna de los aspectos fundamentales de la
doctrina cristiana) se celebraba un festival dedicado a Isis y al
nacimiento de su hijo Osiris, anunciado hacía milenios y que venía
precedido por la elevación de una estrella el 6 de enero, al que se
hizo coincidir con llegada de los Reyes Magos.
Otra simbología solar pagana, la de la aureola que rodea la cabeza
de Cristo, tampoco es original. Ya adornó antes las cabezas de los
dioses solares en Egipto, Persia, Grecia, China, Tíbet, Japón,
India, Perú, etc., así por ejemplo llevaban halo Ra, Apolo, Buda o
Krisna. Y también se les dotó a los primeros emperadores cristianos
como Trajano, Antonino Pío, Constantino, Justiniano, etc.
El misterio de la Santísima Trinidad también vino de Oriente. Si
repasamos la historia de las religiones precristianas, veremos que
en casi todas ellas era absolutamente corriente la idea de la
trinidad divina, como en Egipto con Osiris, Isis y Horus; en la
India con Brahma, Vishnú y Shiva; o entre los romanos con Júpiter,
Zuno y Minerva; o los babilonios, caldeos y helenos (Zeus, Poseidón
y Hades). Una vez más se acomodaron conceptos paganos de más de dos
mil años a esta incipiente religión cristiana
O la cruz, símbolo procedente de la prehistoria y que ha estado
presente en todas las culturas del planeta.
Cualquiera que desee comprender a la iglesia católica debe
comprender a San Agustín. Este influyente padre de la iglesia que
nació en la actual Argelia, legó en el siglo V a la iglesia de
occidente la doctrina del pecado original que era desconocida en
oriente, y aunque no fue artículo de fe hasta el concilio de Trento
en el siglo XVI, consideró que la violencia contra los herejes
podía justificarse teológicamente y respecto a las guerras Agustín
defendió lo que el calificaba de guerras justas e injustas e
incluso enumera las condiciones para que así sea. La más importante
es “que se reúnan las condiciones serias y necesarias para
tener éxito”. Es decir, si se va a ganar es justa, si no,
pues no.
El desafortunado término “jerarquía” se adoptó
quinientos años después de la muerte de Jesucristo por parte de un
teólogo desconocido que se ocultaba tras la máscara de Dionisio,
discípulo de Pablo.
La palabra “cristiano” se utilizó por primera vez en
Antioquía, Siria. El término “católico” no se usa en
todo en Nuevo Testamento. En oriente las bendiciones nupciales no
fueron obligatorias hasta el siglo IX, mientras que en esa época el
Papa Nicolás I en Occidente no considera necesaria una ceremonia
religiosa. Hasta los siglos XI y XII no se introduce el
consentimiento de los cónyuges ante un sacerdote, pero todavía no
se considera un sacramento. Solo a partir del siglo XVI en el
Concilio de Trento, es posible hablar del matrimonio con un
sacramento institucionalizado.
El Nuevo Testamento niega los templos como "casa de Dios" y la misa
como "sacrificio continuo y real de Jesús", pero la Iglesia
católica dice y hace justo lo contrario. Jesús no fundó la Iglesia
y prohibió expresamente el clero profesional y dijo que
Jesús-Cristo no puede hacerse presente en la eucaristía ni tiene
nada que ver con la misa. Resulta trágico el recuerdo de la noche
de San Bartolomé, en 1572 cuando los católicos franceses
emprendieron la matanza de miles de sus conciudadanos protestantes
que se habían atrevido a negar que Jesús hubiese instituido la
misa.
La figura del papa es contraria a lo que predicó Jesús. Los
exclusivos párrafos de, una vez más Mateo, donde se "demuestra" que
eligió a Pedro como cabeza sobre la que fundar su Iglesia
(católica, se supone) fueron falsificados.
El infierno no aparece ni en el Antiguo Testamento, donde se
describen con minuciosidad todos los premios y castigos, ni
hablaron de el ni Moisés ni ningún patriarca hebreo. Se introdujo
al traducir la palabra hebrea Hinnom (un valle al sudeste de
Jerusalén donde se habían celebrado rituales en los que se quemaban
niños vivos) por infierno, para construir la invención dogmática
que más ha aterrorizado a la humanidad en el último milenio.
Durante los cinco primeros siglos, doctores y santos padres como
Orígenes, defendieron que la pena del infierno era algo temporal,
pero en el primer concilio de Letrán, se impuso como dogma de fe la
existencia del Infierno, amenazando con condena y prisión a quienes
lo negasen.
La Trinidad es definida por los teólogos como el misterio
fundamental de la fe cristiana, pero lo misterioso es que ocupe un
solo versículo del fantasioso y manipulado Evangelio de Mateo y que
según los expertos fue un añadido posterior. En el Concilio de
Nicea se presentaron más de 20 evangelios que sugerían planos
trinitarios, pero todos fueron declarados falsos excepto el de
Juan. En el concilio de Antioquía (341) la "inspiración divina" se
rectificó a si misma y negó lo proclamado en Nicea, aunque otro
concilio posterior mantuvo lo contrario y así sucesivamente hasta
el dogma actual.
El Credo procede de los años 150-180 d.C. y fue aprobado en el
concilio de Nicea. Fue confeccionándose a medida hasta el siglo V y
en el X por mandato del emperador Otón el Grande, se introdujo como
símbolo del bautismo. El Credo actual se saca de la manga por
ejemplo un "descendió a los infiernos" que no se fundamenta
absolutamente en nada, ni en el Credo primitivo ni en las
Escrituras y haciéndole resucitar "de entre los muertos", matiz
ausente del documento original.
La costumbre de arrojarse al suelo de cara a tierra, viene, como
no, de Constantino, pero introducida antes por emperadores romanos
paganos como Nerón, que ostentó los títulos de emperador, dios y
salvador, Augusto, que se hizo llamar mesías, salvador e hijo de
Dios, o por César y Octaviano.
LA
VIDA DE JESÚS
De la vida de Jesús no sabemos casi nada. No lo nombran ni Séneca
ni Plutarco ni los historiadores judíos o romanos, ni siquiera
Flavio Josefo que narró meticulosamente todo lo que pasaba en su
patria. Las primeras referencias vagas y breves son de Tácito y
Plinio en el siglo II y no hablan de Jesús sino de Cristo, cuya
leyenda ya estaba en marcha.
Según Lucas nació el 6-7 d.C. y según Mateo el 4 a.C., menos mal
que sólo fueron dos los biógrafos canónicos de la infancia de Jesús
y uno sólo el Espíritu que les inspiró. A juicio de la mayoría de
los expertos nació entre el 9 y el 5 a.C. en Nazaret y fue
ejecutado entre el 30 y el 36 d.C. Por tanto vivió de 41 a 45 años
y no murió con 33. Se sabe también que pasó mucho tiempo con Juan
el Bautista, hasta el extremo de ser tomado como discípulo
suyo.
Contra toda lógica, ni Marcos ni Juan citan una sola linea para
relatar tan prodigioso acontecimiento sobrenatural que, para los
católicos, viene a ser básico de su creencia religiosa, como es el
nacimiento de Jesús. Pablo fue muy descreído en sus escritos y los
relatos de Mateo y Lucas no concuerdan entre sí.
Al desconocerse el año exacto de su nacimiento, como el resto de
fechas relacionadas con su existencia y cuando las crónicas fechan
cientos de natalicios, se confirma una obvia suposición: ni durante
su nacimiento pretendidamente prodigioso ni durante el resto de su
vida ocurrió nada tan notable como para que mereciese ser
registrado en una crónica, ya fuese ésta romana, judía, cristiana o
pagana, y sólo llamó Jesús la atención mucho después de su muerte,
cuando se elaboró la versión mitificada de su vida.
Sobre la resurrección, una vez más el fantasioso Mateo es el único
que menta el robo del cadáver de Jesús por sus apóstoles,
pagandoles bastante dinero a los guardianes. Hecho absurdo porque
si éstos confesaban haberse dejado robar, habrían sido ejecutados
de inmediato y no les habría valido de nada el dinero.
Si era tan notorio que Jesús iba a resucitar al tercer día no se
entiende como los apóstoles fueron tan incrédulos con la noticia.
Si como dice Mateo: "Jesús dando un fuerte grito expiró. La cortina
del templo se rasgó de arriba a abajo en dos partes, la tierra
tembló y se hendieron las rocas, se abrieron los monumentos y
muchos cuerpos de santos que dormían resucitaron y saliendo de los
sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la ciudad
santa y se aparecieron a muchos. El centurión y los que con él
guardaban a Jesús, viendo el terremoto y cuanto había sucedido,
temieron sobremanera y se decían: verdaderamente, éste era el hijo
de Dios", ¡una convulsión como la descrita habría sido la noticia a
lo largo y ancho del Imperio Romano!
Jesús, sin embargo no resucitó al tercer día, ya que si fue
depositado en el sepulcro al caer la tarde del viernes y el domingo
al amanecer ya no estaba, no pasaron más de 36 horas, así que
incumplió su reiterada promesa por exceso de rapidez.
Respecto a las apariciones de Jesús después de muerto, cada uno
cuenta una cosa: Lucas y Pablo excluyen a María Magdalena de entre
los testigos de las apariciones, pero para los otros es la primera
en verle; según Mateo se aparece en Galilea a los once en un monte,
según Marcos alrededor de una mesa y según Juan a siete discípulos
en el lago Tiberíades; en Jerusalén según Lucas se les aparece a
los once y come con ellos, pero en Los Hechos, del mismo autor, se
aparece 40 días, y según Pablo se parece a Cefas, a los doce, a más
de quinientos hermanos, a Santiago y a todos los apóstoles y al
propio Pablo; respecto a la ascensión, según Marcos, Jesús es
levantado a los cielos desde una sala de Galilea, según Lucas en
campo abierto, cerca de Betania.
Tantas contradicciones en un suceso tan importante sólo pueden
deberse a una pura invención destinada a servir de base al antiguo
mito pagano ya descrito.
LA
“VIRGEN” MARÍA
María no fue incluida en las oraciones litúrgicas hasta el siglo V,
cuando ya se veneraban a todos los santos nombrándoles por su
nombre. La primera Iglesia dedicada no se construyó hasta el siglo
IV cuando ya había cientos dedicadas a lo santos y hasta Cirilo de
Alejandría (431) no se impuso el dogma de la maternidad divina de
María. Ni siquiera Pedro y Pablo, los padres de la Iglesia, le
dedicaron una sola palabra, incluso hasta el siglo III, se le
reprocharon pecados tan graves como "falta de fe en Cristo, orgullo
y vanidad".
La "Inmaculada concepción de María" es un dogma de fe que no fue
impuesto a los creyentes como tal hasta 1.854 por el papa Pio IX a
pesar de ser combatida por supersticiosa por “Padres”
tan importantes como Bernardo, Alberto Magno, San Agustín y Tomás
de Aquino.
Mateo se armó con un texto de Isaías para demostrar "mas allá de
cualquier duda" que Jesús había nacido de una virgen, aunque este
pasaje pudo ser también un añadido posterior, declarándola virgen
cuando los redactores testamentarios habían dejado de existir. La
única otra mención que se hace en la Biblia de la virginidad de
María está sacada de Lucas, que como sabemos, se inspiró en los
textos de Mateo. Ni Marcos (que redactó el primer evangelio) ni
Juan, hacen mención alguna de un hecho tan capital. E incluso Mateo
le dedica escasísimas líneas en comparación a otros pasajes de la
vida de Jesús menos determinantes. La Anunciación sólo la recoge
Lucas.
Resulta más sorprendente que además ninguno de los cuatro
evangelistas dejó de mencionar claramente que María tuvo otros
hijos además de Jesús, no menos de seis, cuatro hermanos y tres
hermanas. Nada menos que en 11 pasajes "inspirados por el Espíritu
Santo” se muestra la presencia física de esos hermanos
carnales de Jesús, a los que la Iglesia por no poder aceptarlo
convirtió en primos.
La Iglesia sostiene que fue célibe, pero en aquella época la
tradición judía despreciaba el celibato y es extraño que un célibe
pudiera alcanzar alguna credibilidad o prestigio. Lo normal es que
cuando empezó a predicar estuviese casado y con hijos y que los
abandonara como era costumbre e incluso no estaba mal visto y como
hicieron algunos de los apóstoles con sus familias. Sus discípulos
le llamaban rabí, es decir rabino y la ley mosaica es tajante:
“Un hombre soltero no puede ser rabino”.
LOS
MANDAMIENTOS
El decálogo original según
el Antiguo Testamento El decálogo según la Iglesia
católica
1. no tendrás más Dios que a
mi 1.
amarás a Dios sobre todas las
cosas
2. no te harás imagen de escultura, ni de figura
alguna de cuanto ¿?
hay arriba en los cielos, ni abajo, sobre la tierra, ni de cuanto
hay
en las aguas abajo de la tierra. No las adorarás ni les darás
culto, ...
3. No tomarás el nombre de Yavé, tu Dios, en falso,
.. 2.
no tomarás el nombre de Dios en
vano
4. Guarda el sábado para santificarlo,
3.
santificará las fiestas
como te lo mandado Yavé. Seis días trabajarás
y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yavé,
tu Dios. No harás en él trabajo alguno, ni tu, ni tu hijo, ¿?
ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu
asno
y por eso Yavé, tu Dios, te manda guardar el sábado.
5. honra a tu padre y a tu madre, ...
4.
honrarás a tu padre y a tu
madre
6. no matarás 5. no matarás
7. no adulterarás 6. no cometerás actos impuros
8. no robarás 7. no hurtarás
9. no dirás falso testimonio contra tu
prójimo 8. no dirás falso testimonio ni mentirás
¿? 9.
no consentirás pensamientos ni deseos
impuros
10. no desearás la mujer de tu prójimo, ni su
casa, 10. no codiciarás los bienes ajenos
ni su campo, ni su sierva, ni su buey, ni su siervo,
ni su asno, ni nada de cuanto a tu prójimo pertenece
Un primer vistazo nos aporta la evidencia de que la Iglesia
modificó a su antojo los mandamientos de Dios para poder adaptarlos
a sus necesidades. Desde el primero, ajustado para una época de
politeísmos, la Iglesia sobrepasó la intensidad que el propio Dios
reclamó para sí mismo, ganando así un instrumento psicológico
fundamental para controlar y culpabilizar a su grey con mayor
eficacia.
El segundo fue eliminado de cuajo. Recurrió a la astucia de unir el
primero y el segundo pero usar sólo el texto del primero, con lo
que hizo desaparecer la prohibición de dar culto a imágenes, opción
mucho más lucrativa. Conviene recordar que los muchísimos millones
de creyentes que profesan religiones surgidas del mismo tronco que
la católica (judaísmo, islamismo, protestantismo) y que comparten
con ella la base doctrinal de los textos fundamentales del Antiguo
Testamento, no creen en la Virgen, ni en los santos y rechazan de
un modo tajante cualquier forma de culto, ya sea veneración o
adoración de imágenes sagradas. Fue el santo varón Jeremías,
inspirado por Dios, quien desde la propia Biblia, calificó a las
imágenes religiosas como "espantajos de melonar" y advirtió acerca
de su inutilidad.
Respecto al tercero, el catecismo amplía: “Se considera
blasfemo recurrir al nombre de Dios para justificar prácticas
criminales, reducir pueblos a servidumbre, torturar o dar
muerte”. ¿Y qué han hecho ellos sino esto?
El cuarto mandamiento se mantuvo así los cuatro primeros siglos del
cristianismo, hasta que Constantino (¿les suena?) en su afán de
"cristianizar" el Imperio decretó que el domingo, dedicado a la
adoración pagana del divino "Sol Invictus", se convirtiese en día
festivo.
Con el séptimo, la obsesa Iglesia católica amplió la prohibición de
mantener relaciones fuera del propio matrimonio a todo lo
relacionado con la sexualidad humana. San Agustín, padre del
catolicismo, que vivió mucho en concubinato y que tomó a una niña
de 10 años por novia, confesó: "en la lascivia y en la prostitución
he gastado mis fuerzas". Cuando acabó agotado de tanto exceso,
reconvirtió sus energías para dedicarlas a una patética lucha
contra el placer sexual, al que calificó de "monstruoso, diabólico,
enfermedad, locura, pus nauseabundo", ... Esa es la mentalidad
católica en materia sexual. A los obispos y sacerdotes les pareció
siempre más terrible que un adolescente se masturbara, "un pecado
mortal que pudre la columna vertebral y condena irremisiblemente al
fuego del infierno", que no la explotación de los obreros, el robo
o el asesinato.
El apaño posterior para convertir unmandamiento en dos, ya que se
saltaron uno, es de lo más descarado, pero no parece importarle a
nadie.
Los "Mandamientos de la Santa Madre Iglesia" de nuestro catecismo,
son cinco y dicen:
1
- oír misa entera todos los
domingos y fiestas de guardar
2
- confesar los pecados
mortales al menos una vez al año y en peligro de muerte y si se ha
de comulgar
3
- comulgar por Pascua de
Resurrección
4
- ayunar y abstenerse de comer
carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia
5
- ayudar a la Iglesia en sus
necesidades.
También distan mucho de eso que Jesús le dijo a sus discípulos: "Y
cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en
pie en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, para ser
vistos de los hombres. Tu, cuando ores, entras en tu cámara y,
cerrada la puerta, ora a tu Padre, que está en lo secreto; y tu
Padre, que ve en lo escondido, te recompensará. Y orando, no seáis
habladores, como los gentiles, que piensan ser escuchados por su
mucho hablar".
La clave de los dogmas cristianos consiste en afirmar algo y a la
vez su contrario. La ortodoxia de la iglesia eliminó o modificó
aquellas expresiones o conceptos que consideraba inaceptables e
introdujo aquellos elementos que apoyaban su doctrina o su conducta
moral. Según Orígenes “hasta Dios puede mentir” y
“ser engañado por Dios es precisamente la felicidad del ser
humano”. Demencial.
No cabe duda alguna que la Santa Madre Iglesia católica impone unos
preceptos que contradicen la Ley de Dios y además obliga a obrar de
manera contraria a la aconsejada por Jesús y Pablo.
También se saltaron a la torera aquello que Jesús dijo también: "Es
más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un
rico en el reino de los cielos".
La mentira para la Iglesia católica no significa lo mismo que para
el resto de mortales, quizá porque su conciencia descansa sobre la
doctrina de la "mentira económica o pedagógica", asentada por su
teólogo Orígenes cuando defendió la función cristiana del engaño
postulando la necesidad de una mentira como "condimento y
medicamento". Eso debe ser.
Está claro que lo que dice la Iglesia católica en su catecismo:
"transgredir un mandamiento es quebrantar toda la ley" no reza para
ella misma. Ellos gozan de patente de corso para pecar contra Dios
vulnerando su Ley, no en balde ella misma ha secuestrado en
supuesta exclusiva la prerrogativa de perdonar cualquier
pecado.
La búsqueda de la máxima rentabilidad de los mecanismos rituales de
poder y control social, encontró un eficaz instrumento cuando la
Iglesia católica medieval (en el siglo IX primero y avalada
definitivamente en el XVI por el concilio de Trento) elaboró la
doctrina de la transustantación, es decir el poder de los
sacerdotes en transformar el pan y el vino en el cuerpo y la sangre
de Cristo sin que cambie su aspecto externo. Esto puso ante las
masas de creyentes ignorantes y en manos de los sacerdotes un poder
tan fascinante como rentable económicamente.
En el siglo XIII la invención del purgatorio (que tampoco aparece
en los textos) fue clave para la venta masiva de indulgencias entre
los católicos, un escandaloso negocio que alcanzó sus más altas
cotas en el s. XVI con la Taxa Camarae.
La Taxa Camarae del papa León X es uno de los puntos culminantes de
la corrupción humana. Es una tarifa promulgada en el año 1.517 con
el fin de vender indulgencias, eso es perdonar culpas a todos
cuantos pudieran pagar. No había pecado por horrible que fuese que
no pudiese ser perdonado. En sus 35 artículos (demasiado extensos
como para transcribirlos) se contemplan los más horribles delitos.
El primero y para abrir boca dice así:
"El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con
monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con
otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67
libras, 12 sueldos".
Así 34 más. El que pagase podía desflorarse una virgen, cometer
bestialismo, entregarse una monja a uno o más hombres, simultánea o
sucesivamente o vivir en concubinato. El robo, el incendio, la
violación, la sodomía, el asesinato de desconocidos o familiares
(si se matan a varios el mismo día se pagará como uno sólo, y
descuentos si se es reincidente), los malos tratos, ahogar a un
hijo, la herejía, el contrabando, el hijo bastardo, el monje que
quiera vivir con menos abstinencia, el ermitaño con una mujer...
Todo será absuelto por dinero. Incluso se pagaba por anticipado
para poder pecar después. Tope guay.
La iglesia asegura de que la prueba de que Dios nos ama es que
Cristo murió por nosotros. O sea que ¿envió a su propio hijo, que
es él mismo para salvar (de qué?) a unos seres que él mismo ha
creado a imagen y semejanza? ¿Este sacrificio ha valido para algo?
¿Somos ahora mejores?
LA
MUJER PARA LA IGLESIA CATÓLICA
Jesús en lo Evangelios preconizó la igualdad de la mujer, pero la
Iglesia católica se convirtió en apóstol de su marginación social y
religiosa. La elección de 12 apóstoles hombres se debió a que
Jesús, como buen judío, quería restaurara el nuevo Israel, y la
tradición de su pueblo le imponía de forma simbólica elegir a doce
(uno por cada tribu de Israel), varones (las mujeres no hubieran
representado la tradición) e israelitas (con un gentil ya se
hubiera roto la continuidad).
En el Nuevo Testamento la palabra varón y mujer aparece el mismo
número de veces, 215. Una mujer y no un varón, Isabel, fue el
primer ser humano que proclamó la divinidad de Jesús, fue a mujeres
a quien fue revelada en primer lugar la resurrección del nazareno y
María de Magdala (inmortalizada en los textos como "mensajera" y
distinguida a partir del siglo XII como "apóstola de apóstoles") la
primera persona en recibir la aparición de Jesús resucitado y
encargada de comunicárselo a los discípulos.
Al contrario que los apóstoles varones, las discípulas galileas no
huyeron ni se escondieron durante el proceso de ejecución y
entierro del maestro y sólo hubo cuatro mujeres, todas Marías, a
los pies de Jesús crucificado. En una charla entre una mujer
cananea y Jesús, éste habló por primera y única vez de "fe grande",
atribuyéndoselo a una mujer, cuando a Pedro y a los discípulos les
había tildado previamente de" hombres de poca fe".
Cuando el hombre tomó el poder, hizo olvidar todos estos episodios.
La "ekklesia" cristiana desde el siglo II fue discriminando a la
mujer y una vez más, bajo el mandato del emperador Constantino, la
Iglesia fue configurándose según el modelo de sacerdocio
pagano.
De lo anterior derivan sentencias tan conocidas como la de Haimo
d`Auxerre (s. VIII): "En la Iglesia se entiende por mujer quien
obra de manera pueril y boba"; la de Graciano en el s. XII: "La
mujer no puede recibir órdenes sagradas porque por su naturaleza se
encuentra en condiciones de servidumbre"; o de Santo Tomás en el
XIII: "La mujer no puede recibir el sacramento de la Orden porque
tiene un estado de sujeción" o “la mujer es un defecto de la
naturaleza, una especie de hombrecillo defectuoso y mutilado. Si
nacen mujeres se debe a un defecto del esperma o a los vientos
húmedos”.
La misoginia era escandalosa ya con Pablo a tal extremo que algunos
investigadores piensan que era homosexual. En la I Epístola a los
Corintios dice por ejemplo que “el hombre es imagen y gloria
del Señor y la mujer es gloria del hombre”, “el varón
no es sacado de la mujer sino la mujer del varón”, “la
voluntad de la mujer está sujeta a la del marido, a el
obedecerás”, “si quieren saber alguna cosa pregunten en
casa a sus maridos”, “la mujer aprenda callando”,
“Adán no fue engañado sino la mujer fue engañada en la
rebelión”.
Para San Agustín “la mujer es un ser inferior y no está hecha
a imagen y semejanza de Dios”, “corresponde a la
justicia que las mujeres sirvan a los hombres”, “el
orden justo sólo se da cuando un hombre manda y la mujer
obedece”. Para San Crisóstomo “las mujeres están hechas
esencialmente para satisfacer la lujuria de los hombres” y
“donde está la muerte está el matrimonio, y donde no hay
matrimonio no hay muerte”. Según San Ambrosio, otro Padre de
la Iglesia “la mujer sólo es fuerte en el vicio y daña la
valiosa alma del varón”. Para Honorio de Autum “ninguna
mujer es grata a Dios”. Alberto Magno decía “sólo
deberían nacer seres perfectos, es decir hombres”. Ya en el
Levítico se aseguraba que “el defecto del hombre es mejor que
la virtud de la mujer”.
Para Tertuliano “el matrimonio se basa en el mismo acto que
la prostitución”. Justino decía que todo matrimonio es
ilegal. Orígenes, que se autocastró, califica todo lo sexual de
deshonesto. Jerónimo escribe “la relación sexual inhabilita
para la oración y los casados no se diferencian en nada de los
cerdos”. Clemente de Alejandría dice que “el coito es
como una enfermedad perniciosa”. Buenaventura califica el
acto amoroso e “corrupto y apestoso”, Tomás de Aquino
de “lo más vil y bestial”. Para el Papa León I
“no hay ninguna madre sobre la tierra en la que la concepción
suceda sin pecado”. Para otro papa Gregorio I “los
esposos que disfrutan durante el acto son lo que pervierten el
orden correcto” e Isidoro de Sevilla dijo “quien ama a
su mujer con pasión, comete adulterio”.
Todavía en el s. XIX se preguntaban los sabios teólogos si las
mujeres tenían alma o no. Creyeron también durante siglos que el
semen masculino era el único principio activo de la generación.
Esta creencia se vio desbaratada en 1.827 cuando se descubrió el
óvulo femenino. Laurent Joubert, médico del siglo XVI afirmaba que
“el semen por si mismo es indiferente... a menudo degenera en
mujer, a causa del frío y de la humedad... y por la sobreabundante
presencia de sangre menstrual cruda e indigesta.
La Iglesia católica incluso cambió de sexo en la Edad Media a
Junia, considerada apóstola por los padres de la Iglesia, por no
poder admitir que una mujer hubiese sido apóstol junto a Pablo y
tomada como "ilustre entre los apóstoles".
EL
CELIBATO
El crstianismo del año 1.000 ya no es una religión solar y
positiva, es un culto a la muerte y al dolor. Ya están listos para
crear una ideología, una psicosis basada en el sentido del pecado.
Con frases como “ofrece tu dolor a Dios” se intenta
localizar en el cuerpo y en el placer la sede del poder del demonio
y se desarrolla una sexofobia en masa.
Para conseguir que el pueblo romano, acostumbrado a que la
limpieza, desnudez y la sexualidad era algo normal, había que
moralizar las ciudades y de paso cargar un poco más contra la
mujer. La prostituta que en aquella época tenía cierto prestigio
social, fue transformada en intocable y para erradicar la costumbre
de ir a los baños los domingos donde hombres y mujeres se ven
desnudos y quizá se toquen, no se les ocurrió nada mejor que
prohibir el aseo. Las epidemias de peste que por aquel motivo
comenzaron y que se llevaron millones de vidas no alteraron la
falsa moralidad católica.
La Iglesia católica fue la única iglesia que con fines doctrinales
tradujo la palabra "almah" por virgen en vez de por "doncella",
como así hicieron otros traductores en otros textos cuando aparecía
esa palabra o en otras Biblias simplemente no católicas.
Con los obispos, diáconos, ... ocurrió tres cuartos de lo mismo,
traduciendo (sólo en el caso de la Iglesia católica) la palabra
"esposa creyente" por "hermana", llenándoles de parientes que no
tenían y eliminando a sus mujeres y la relación conyugal normal que
mantenían con ellas para así imponer el celibato.
Al igual que Galileo cuando fue condenado por la Santa Inquisición
en 1.613 exclamó: " Y sin embargo es la Tierra la que se mueve
alrededor del Sol", los hermanos no son primos aunque se empeñe la
Iglesia.
El celibato obligatorio es un mero decreto administrativo impuesto
en el s. XVI que carece de fundamento evangélico ya que la
tradición judía obliga a todos al matrimonio y desprecia el
celibato.
Las primeras normativas acerca de la sexualidad vienen de
Constantino, pero hasta el concilio de Nicea (365), no hubo decreto
alguno en materia de celibato. Desde entonces se fueron creando más
y más decretos en los sucesivos concilios para dominar a la masa
clerical. Los hijos e hijas de los clérigos fueron perdiendo sus
derechos de tal forma que en el sínodo de Toledo del año 655, se
dictó que los hijos de los sacerdotes “no sólo no deben
heredar de sus padres o de sus madres, sino que pasarán a ser
esclavos de la Iglesia de por vida”.
Desde el concilio de Pavía (1.020) los decretos asegurándose que
ningún hijo bastardo pudiera reclamar los bienes de sus
progenitores, son tan extensos como cuidadosos, asegurándose con
ello que sus posesiones nunca saldrían de sus dominios. Tras el
segundo concilio de Letrán en 1.139, el matrimonio de los
sacerdotes se consideraba a priori nulo, sus esposas concubinas y
los hijos de los sacerdotes se convirtieron oficialmente en
esclavos. A partir de entonces se promulgó una ley obligatoria y
universal para el celibato.
Pero en el s. XII seguía siendo tan habitual que los clérigos
tuviesen concubinas, que lo obispos acabaron por instaurar la
llamada "renta de putas", que era una cantidad que los sacerdotes
tenían que pagar cada vez que transgrediesen la ley. Como eran
todos los que pagaban, incluso tenía que hacerlo el que defendía su
pureza, ya que el obispo no se lo creía afirmando que era imposible
el no mantener relaciones sexuales de ningún tipo.
En los siglos XIII y XIV los burdeles solían estar al lado de las
iglesias, pues no sólo se toleraban “para prevenir males
mayores”, sino que producían pingües beneficios a las arcas
vaticanas.
El concilio de Basilea (1.431-1.435) intentó poner fin a este caos,
y en el concilio de Trento, el papa Paulo III, que era padre de
varios hijos naturales, implantó los edictos definitivos que ya
intentaron en el concilio de Letrán del año 1.123.
Los papas del Renacimiento mantuvieron el celibato para su iglesia
con mano de hierro pero vivían en la lujuria más licenciosa. Tres
ejemplos bastarán: Sixto IV defensor del dogma de la
“Inmaculada concepción” dispensó favores a numerosos
sobrinos y favoritos, ordenó cardenales a seis parientes,
incluyendo a su primo Pietro, uno de los despilfarradores más
escandalosos de la curia romana quien murió a causa de sus vicios a
la edad de 28 años. Inocencio VIII reconoció públicamente a sus
hijos ilegítimos y celebró con esplendor sus matrimonios en el
Vaticano. Alejandro VI Borgia tuvo cuatro hijos con su amante e
hijos con otras mujeres cuando era todavía cardenal.
El celibato promueve un instrumento de control que permite ejercer
un poder abusivo y dictatorial, convierte al clero en una masa de
mano de obra barata (un sacerdote célibe es más barato de mantener
que el que pudiese formar una familia), de alto rendimiento, dotado
de movilidad geográfica y de una sumisión y dependencia jerárquica
absoluta. Se mantiene a la masa recluida e inculta y se evitan las
herencias, excepto para ellos mismos.
La iglesia llegó a ser dueña de la tercera parte de las tierras de
Europa. A primeros de este siglo controlaba en España un 40% del
capital y hoy en día El Vaticano con cuarenta hectáreas de
extensión es el Estado económicamente más poderoso de la tierra y
el mayor terrateniente privado del mundo.
LA INQUISICIÓN
Jesús predicó sobre
todo el AMOR, y la Iglesia lo leyó al revés ROMA, dedicándose desde
entonces a su conquista, a conseguir el poder que tenía y
representaba. Un imperio donde un emperador podía nombrar senador a
su caballo o violar a su madre, y donde se podía provocar la muerte
de 40.000 hombres en un solo mes en el Coliseo.
Desde Juan VIII (873) hasta Silvestre II (1003) se sucedió
seguramente el periodo más negro de la historia de la iglesia. Se
sucedieron 33 Papas y 4 antipapas, diez de éstos murieron
asesinados, muchos fueron encarcelados o exiliados y pocos
gobernaron apenas unos días. Mediado en siglo XI, el Papado había
llegado hasta tal punto de decadencia, que incluso Benito IX llegó
a vender el pontificado a Gregorio VI, su padrino.
Jesús había prometido un reino donde los últimos serán los primeros
y ante tanta corrupción a la que siempre ha apoyado la iglesia
surgen a principios del siglo X en toda Europa auténticas iglesias
alternativas, grupos de fieles que predican y aplican la comunidad
de bienes, la fraternidad y rechazan la autoridad eclesiástica. Las
jerarquías de la Iglesia y los nobles, que a menudo era lo mismo,
se emplearon a fondo contra esos movimientos exterminando
poblaciones enteras en una lucha despiadada contra la
herejía.
Se comenzó en el siglo VII primero contra los arrianos, los
iconoclastas (que rechazaban el culto a las imágenes como dice el
segundo mandamiento), los paulicianos (que veneraban los escritos
de San Pablo) o los bogomitos (paulicianos que predicaban la
igualdad social). Los herejes monfortinos hacia el 1.028 eran
culpables de muchos delitos: practicaban la castidad aunque
estuvieran casados, ayunaban y eran vegetarianos, pero lo peor es
que ponían en común sus bienes. O los patarini, movimiento social y
religiosos desarrollado en Milán hacia el siglo XI contra los
abusos del arzobispo Guido, señor de Milán. Todos ellos fueron
perseguidos y quemados a centenares.
A principios del siglo XIII el Papa se había convertido a todos los
efectos en un soberano más, uno de los más potentes, firmaba
tratados, hacía y deshacía alianzas, mandaba ejércitos a la guerra,
... marcando el punto máximo del poder político con Inocencio
III.
Durante siglos Roma había frenado cualquier reforma o cualquier
intento de cambio, evolución o modificación, pero después de los
decenios de 1.170 y 1.180 dos grandes movimientos disidentes
centrados en la penitencia y en la pobreza se desarrollaron hasta
suponer una amenaza para el sistema romano: de un lado los cátaros
o albigenses venidos desde los Balcanes y dedicados desde un
estricto ascetismo a una predicación itinerante a la manera de los
apóstoles y de otra los valdenses que surgieron como una hermandad
de ascetas laicos en trono al rico mercader Valdo de Lyon que
distribuyó sus riquezas entre los pobres.
La iglesia respondió con la condena a los “herejes” y
dada la popularidad que iban obteniendo, Inocencio III decidió
exterminarlos iniciando una cruzada contra ellos. Obispos, papas,
reyes y emperadores iniciaron la persecución y prepararon el
terreno para lo que llenaría muchas de las páginas más terribles de
la historia de la iglesia con el terrorífico nombre de La Santa
Inquisición.
Inocencio III dio el primer paso para su creación, en el concilio
de Tolosa en 1.229 se instituyeron oficialmente los tribunales de
la Inquisición e Inocencio IV completó el cuadro adjudicando el
derecho a la tortura. Influencia masiva tuvo también el Emperador
Federico II, quien en sus edictos estipuló la muerte en la hoguera
como castigo a la herejía.
Se nombraron inquisidores papales sobre todo entre las órdenes
mendicantes para que siguieran el rastro a los herejes. Los
condenados debían ser entregados a un tribunal para una muerte
cruel o por lo menos para que se les cortara la lengua.
La persecución contra los cátaros duró 20 años y terminó en 1.229
con más de un millón de muertos. Los valdenses no fueron
completamente exterminados hasta 1.561.
A partir del año 1.000 y hasta mediados del siglo XIII la atención
de la Iglesia estuvo concentrada sobre todo en las herejías como la
cátara o la valdense, pero las cosas cambiaron cuando se creó la
Inquisición.
Se torturará y matará de forma horrenda sólo por sostener que Jesús
y los apóstoles no poseían nada. Incluso bastaba tener una Biblia
para ser sospechoso de enemigo de la iglesia, y si ésta estaba
traducida en vulgar, es decir en un lenguaje comprensible para el
pueblo, la condena por herejía estaba asegurada, no fuera a ser que
se enterasen de lo que Jesús decía.
El pueblo de Steding en Alemania, se negó a reconocer la
jurisdicción temporal del arzobispo de Bremen. Fueron por ello
declarados herejes y el papa Gregorio IX lanzó una cruzada contra
ellos en 1.234, acabando con sus 11.000 habitantes. Los herejes que
iban apareciendo junto a sus seguidores seguían el mismo camino:
Jacopone da Todi, Guglielma la Bohemia, los apostólicos, llamados
así los seguidores de Gerardo Segalello de Parma, Fray Dolcino, los
Begardos y Beguinas, los Lolardos, Jan Hus, el lutero de Bohemia,
Girolamo Savonarola. A veces la herejía en un tiempo dejaba de
serlo en otro, el caso más notable fue el de Juana de Arco, quemada
en la hoguera en 1.431 y santificada después en el siglo XX.
Bastaban los rumores sobre una persona para iniciar la instrucción,
y una vez ahí el acusado debía demostrar su inocencia. En el manual
del inquisidor de Eymerich se describen astucias como la de hacerse
pasar por loco. El aconseja torturar al loco, “porque si no
lo está difícilmente continuará su comedia cuando sea presa del
dolor”.
En España la inquisición se inició en 1.482 por iniciativa del rey
Fernando y sólo el gran Inquisidor Torquemada mandó a la hoguera a
más de diez mil “herejes”.
La maquinarias inquisitorial funcionaba tan bien que empezaba a
estar necesitada de “clientes”. Durante todo el siglo
XIV y el XV se sucederán en inquietante crescendo, tratados sobre
la brujería que irá poco a poco abonando el campo para el siguiente
exterminio. Una bula papal de Inocencio IV en 1.484 marcó el inicio
de la caza de brujas y brujos. Apoyada por un tratado “el
martillo de brujas” reproducido con la nueva técnica
inventada por Gutemberg y que llegó a ser un best-seller de la
época, las brujas, se dirá, son una autentica secta que lucha por
la destrucción de la iglesia. El objetivo es claro: si las brujas
son por definición herejes, fácilmente los herejes (y también los
judíos) son por definición brujos. Esta caza puede leerse también
como una gigantesca guerra del poder masculino contra el femenino y
las últimas formas de matriarcado.
Uno de los objetivos era arrebatar a las mujeres el poder de curar
enfermedades y asistir a partos. Este poder debía ser confiado al
monopolio de la casta masculina de los médicos. En el tratado se
afirmaba que “nadie hace mayor daño a la iglesia que las
comadronas”. De hecho la mayoría de las víctimas eran mujeres
y normalmente de condición humilde. El resto moriscos y judíos no
conversos acusados de mantener sus prácticas paganas.
Las cifran hablan de muchos cientos de miles de torturas y
ejecuciones sólo en este último periodo inquisitorial, entre el
siglo XIV y el XVIII.
Pero la evolución es imparable y la Reforma (con la que, entre
otras, cosas se intentaba anteponer la “palabra de
Dios” a la de los papas) amenazaba nuevamente con cambiar las
cosas, el pensamiento y la razón propugnaban un cambio de
paradigma.
El sacerdote Martín Lutero a comienzos del siglo XVI protestó
contra las indulgencias, negó la autoridad jurisdiccional del papa,
de algunos sacramentos y del celibato, sostenía que era derecho de
todo creyente leer e interpretar las escrituras, tradujo la Biblia
al alemán y lanzó un movimiento que dividió irremediablemente el
occidente cristiano, el luteranismo. La Reforma de Lutero divide
Europa en dos, los estados católicos y los protestantes. La mayor
parte de los Estados alemanes septentrionales se alinearon con
Lutero y los meridionales permanecieron junto a Roma. Juan Calvino
creó años después la otra gran confesión reformada que también se
propagó por Europa, el calvinismo.
En el concilio de Trento se quiso poner freno convirtiendo Europa
en la segunda mitad del siglo XVI en un campo de batallas de fe y
guerras de religión. En Italia y España los pequeños grupos de
protestantes fueron reprimidos pero en Francia se libraron 8
guerras civiles contra los hugonotes, llamados así los calvinistas
franceses. Tres mil protestantes fueron masacrados en París en una
sola noche, la noche de San Bartolomé. El papa Gregorio XIII
bendijo a los asesinos católicos. El total de hugonotes muertos en
París y provincia fue de 25 a 35.000 y se cuenta que en tres días
fueron convertidos al catolicismo 60.000 calvinistas franceses. En
los países bajos la lucha contra España por sus libertades duró más
de ocho años.
Alemania quedó asolada por la primera guerra moderna, la guerra de
los 30 años entre católicos y protestantes. En 1.618 contaba con
casi 21 millones de habitantes. En 1.648 eran apenas 13 millones.
Según un historiador de la época, Polisensky, calculando la alta
mortalidad infantil y la poca duración media de la vida en esa
época, en total resultaron afectados por el conflicto 100 millones
de personas.
También se luchó a partir del XVI contra los anabaptistas que
rechazaban el bautismo y de los que sobreviven algunas comunidades
en América donde tuvieron que emigrar. Los unitaristas negaban el
dogma de la Trinidad y su principal exponente, Miguel Servet, fue
quemado en la hoguera a mediados del siglo.
La iglesia anglicana nació gracias a Enrique VIII, el de las seis
esposas. Cuando trató de conseguir una anulación para volverse a
casar y se le negó desde Roma, el Parlamento inglés lo nombró único
jefe supremo de la iglesia de Inglaterra, permaneciendo autónoma
desde entonces.
LAS CRUZADAS
La noticia de que Jerusalén había caído en manos turcas dio el
pretexto necesario para desencadenar la “guerra santa”
contra los “infieles” a finales del siglo XI.
Se incito a los sustratos sociales más pobres a buscar fortuna en
oriente y se prometían indulgencias plenarias, aplazamiento en el
pago de deudas y el perdón de los pecados.
Los ejércitos cristianos que marchaban rumbo a Palestina, sin
provisiones y sin campamentos organizados a menudo saqueaban
poblaciones enteras cristianas que atravesaban durante el viaje,
dejando un rastro de muerte y destrucción, como sucedió por ejemplo
ya en la I Cruzada, llamada la de los Pobres, por estar formada por
gente sin recursos, que en 1.096 a su paso causó la mortandad de
4.000 personas sólo en la ciudad húngara de Zemun. Luego fueron
atacados por las tropas del gobernador cristiano de Constantinopla
y 5.000 de estos cruzados salvajes murieron para ser exterminados
totalmente más tarde.
En el mismo año, el conde alemán Emich de Leinsingen la emprendió
contra los judíos, exterminando a un millar en Magonza.
También les devolvieron la moneda al contingente del noble alemán
Gottschalck, cuyos 10.000 hombres fueron destrozados por los mismos
cristianos que habían sido atacados.
La I Cruzada oficial, todo en el mismo año, sí llegó hasta
Antioquía y no se detuvo hasta haber matado al último turco, ya
fuese hombre o mujer. La escena se repitió en el 1.099 en
Jerusalén. Sólo esta primera cruzada costó la vida a más de un
millón de personas.
La II Cruzada en 1.144 fue exterminada por los turcos cerca de
Damasco.
La III en 1.187 se convocó a causa de la caída de Jerusalén en
manos turcas. Sus resultados fueron irrelevantes, pues siguió igual
que estaba.
La IV Cruzada se desvió de rumbo y tomo al asalto la cristianísima
Constantinopla, saqueándola y exterminando a gran parte de su
población.
En 1.212, en la I Cruzada de los niños, 50.000 niños centroeuropeos
enfervorecidos por la propaganda de la época y tras el fracaso de
la Cruzada anterior, partieron solos y sin armas hacia Tierra
Santa. El resultado no pudo ser peor, ya que los pocos que llegaron
a Marsella para embarcar fueron vendidos como esclavos a los
Turcos.
Hubo una segunda cruzada de los niños, que esta vez sólo estaba
compuesta por 20.000 con idéntico resultado.
La V, VI, VII y VIII cruzadas no tuvieron mucha importancia, si no
fuera por las muertes que causaron.
Así terminan 200 años de guerras inútiles que no impidieron que
Jerusalén permaneciera en manos de los musulmanes.
LA
INQUISICIÓN CULTURAL
La sabiduría de los teólogos se basa principalmente en la
ignorancia de los demás y la iglesia desde sus orígenes consideró
que poseía el monopolio absoluto de toda la verdad. El apologista
Justino afirmaba a mediados del siglo II que “cualesquiera
verdades que hayan sido dichas pertenecen a los cristianos” y
Tomás de Aquino decía que “el afán de conocimiento es pecado
cuando no sirve al conocimiento de Dios”.
Buda decía que el único pecado que existe es la ignorancia y así es
como la iglesia ha querido mantener al pueblo, para de esta manera
ejercer más fácilmente su control.
La Inquisición dejó paralizadas las bases de la investigación
científica durante más de 1.500 años. Aristóteles ya se consideraba
peligroso y problemático y los papas promulgaron prohibiciones
sobre la lectura de sus obras.
No se permitía la más mínima libertad de pensamiento ni de
expresión. En 1.564 condenó a muerte al médico Andrés Versalio,
fundador de la anatomía moderna, por haber abierto un cadáver y
haber afirmado que al hombre no le falta la costilla con que
supuestamente fue creada Eva.
Giordano Bruno fue quemado en 1600 y Galileo sólo fue perdonado
tras reconocer sus “errores”. Su condena propagó una
atmósfera de temor de tal manera que por ejemplo Descartes pospuso
indefinidamente la publicación de su obra “Sobre el mundo o
tratado del hombre” que no vería la luz hasta 14 años después
de su muerte.
Un gran número de los espíritus más representativos de la
modernidad europea se incluyeron en el índice de libros prohibidos
a los católicos. Junto a Copérnico y Galileo estaban por ejemplo
los padres de la filosofía moderna Descartes y Pascal, los
empiristas Hobbes, Locke y Hume, también Kant, Rousseau y Voltaire,
John Stuart Mill, Dumas, Balzac, Flaubert y Zola, Sartre, Simone de
Beauvoir, etc...
LAS
CONQUISTA DE AMÉRICA Y ÁFRICA
El exterminio de
civilizaciones como la inca, maya o azteca estuvo siempre de la
mano de la iglesia. La masacre se distinguió por estar
“bendita por Dios”. Hay testigos de que el verdugo iba
siempre con un sacerdote a su lado.
En Méjico la población pasó de 25 millones en 1.520 a menos de un
millón y medio en 1.595. Habían exterminado el 95% de la población
local. Al comienzo del siglo XVI la población del continente
americano estaba alrededor de los 80 millones de personas. A
mediados del siglo XVII se había reducido a 10. Dado que la
población del planeta era de 400 millones, en un siglo habían
acabado con la quinta parte de la población mundial.
Otros 80 millones de nativos perecieron entre el siglo XVII y el
XX, también por las epidemias que llevaban con ellos, como la peste
o la viruela, que mataron decenas de millones. Todorov decía:
“el hecho de que mueran como moscas es señal de que Dios está
de parte de los conquistadores”.
La escena se repitió con pocas variaciones en el caso de la
conquista inglesa del continente norteamericano. De los 10 o 12
millones de nativos que vivían en el actual territorio de los
EE.UU. quedaban apenas 250.000 en 1.900. Y había curas bendiciendo
los Winchester que diezmaron a los nativos americanos.
Puede calcularse que entre el siglo XVI y el XX perdieron la vida
150 millones de personas, 2/3 por las epidemias y el resto por
actos de violencia, esclavitud o tratos inhumanos.
La primera conquista colonial del continente africano se obtuvo en
1.344 cuando el almirante De la Cerda, por orden del papa Clemente
VI conquistó las canarias. Los aproximadamente 80.000 guanches
fueron el primer pueblo al que se exterminó totalmente.
Después hacia finales del XV los portugueses comenzaron a penetrar
por las costas de Angola y Guinea. Como siempre los conquistadores
estaban bendecidos por los misioneros que avisaban a las tropas si
el pueblo al que habían ido se mostraba hostil con ellos o no
querían ser evangelizados.
Desde inicios del siglo XVI los sacerdotes organizaron una trata de
esclavos por su cuenta. En 1.650 la compañía de Jesús poseía tal
cantidad de esclavos que impresionaba incluso a los portugueses.
Como en América se estaban quedando sin mano de obra, había que
buscarla en otro sitio.
Se habla de al menos 20 millones de personas deportadas a América.
Para ellos, la expectativa de vida en el momento de la llegada era
de 7 años, siete años de fatiga y miseria. Por cada uno que llegaba
a América como esclavo, nueve morían durante la captura o el
viaje.
Antes de la llegada de los blancos, en Africa tenían su propio
sistema sanitario muy extendido a base de hierbas y minerales.
Todas estas práctica se pusieron fuera de la ley para garantizar el
monopolio sanitario de las misiones. En lo concerniente a la
educación, borraron de un plumazo milenios de historia africana
para educar a los negros en la superioridad blanca, mediante el
látigo y el palo. Muy cristiano. En el siglo XVIII se habían
exterminado a 25 millones de africanos desde el inicio del tráfico
de esclavos.
En total podríamos estar hablando de 190 millones de muertos.
En 1.914 el 90% de Africa pertenece a las potencias coloniales
europeas, que confían el control de la educación a los misioneros
cristianos. En 1.960 en las 100 misiones católicas de las colonias
portuguesas, no existen universidades para negros, el 80% de los
niños en edad escolar no va a clase, incluso la asistencia
sanitaria es casi exclusiva para blancos.
En 1.964 y después de la independencia y la sustracción del
monopolio de la enseñanza a las misiones, el analfabetismo en Ghana
pasa de golpe del 85 al 25%.
LA
MODERNIDAD
Las cosas no han ido cambiando mucho con el paso del tiempo.
Incluso y tras la Revolución francesa, la toma de la Bastilla y la
“Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano” en 1.789, Pio VI declaró nula la constitución de
1.791 y amparándose en una “revelación divina”, rechazó
la “abominable filosofía de los derechos del hombre”,
especialmente la libertad religiosa, la libertad de conciencia y de
prensa y la igualdad entre los seres humanos.
En el siglo XIX el estado pontificio era el más retrógrado de
Europa, en él el papa clamaba contra el ferrocarril, el alumbrado a
gas, los puentes colgantes, etc.
La infalibilidad papal (que quiere decir que el papa no se equivoca
nunca) fue impuesta en el siglo XIV por un excéntrico franciscano,
Pedro Olivi, y vinculó a todos los papas posteriores de modo
irrevocable. Pero esta doctrina de la infalibilidad y la
irrevocabilidad de las decisiones papales, fue condenada por Juan
XXIII poco después como “obra del diablo y padre de todas las
mentiras”. Pio IX la retomó de nuevo en 1870: “el papa
posee el don de la infalibilidad en sus propias decisiones solemnes
sobre el magisterio. Estas decisiones solemnes son infalibles en
base al apoyo especial del Espíritu Santo y son intrínsecamente
inmutables”. Menos mal que tras las protestas y escisiones en
el seno de la iglesia, el siguiente papa León XIII con un poquito
más de vista, renunció a reclamar la infalibilidad.
La encíclica del papa Wojtyla “Veritatis splendor”
insiste en que desobedecer al Papa no sólo es algo pecaminoso,
herético y cismático, sino también irracional e inhumano. Dice:
“Existe una moral humana natural, que es natural por ser
racional, y por tanto, velada en el Antiguo y en el Nuevo
Testamento, y confiada a la tradición apostólica; es decir, a los
papas, como únicos intérpretes autorizados de esa verdad. Ergo,
desobedecer al Papa es contra natura”. O sea, más de lo
mismo.
Menos mal que Dios en su infinita bondad perdonará a este pobre
hombre que en sus manos tuvo el poder de frenar el SIDA en el mundo
católico pero que consideró que usar el presenvativo era algo
abominable y condenó con ello a la enfermedad y a muerte a no
quiero pensar cuántos miles de creyente. Pero en cambio ahora lo
quieren beatificar. Lamentable.
También afirmó recientemente en otra encíclica que resulta que
ahora el cielo y el infierno no existen, que consisten simplemente
en estar en presencia de Dios o en ausencia del mismo. Tantos
siglos diciéndonos una cosa y ahora resulta que nos dice que no es
verdad. ¿Pero no eran infalibles?
En otro de los infinitos errores de la iglesia, la exitosa misión
católica a China en los siglos XVI y XVII sufrió un parón por una
disputa sobre los ritos. A partir de ese momento se decretó que
cualquiera que en el futuro deseara convertirse en cristiano o
seguir siéndolo, debía renunciar a ser chino.
No faltan ejemplos de personajes como el del ambicioso cura Jose
María Escribá, que de pronto y por indudable influencia económica,
juntó sus nombres llamándose entonces Josemaría, para lograr que
existiera uno nuevo santo en el santoral, ennobleció su apellido
transformándolo en Escribá de Balaguer, sin duda mucho más
rimbombante y adquirió el título de Marqués de Peralta. Entre las
excelsas virtudes que le han llevado a los altares, no está
seguramente la humildad.
Hasta este momento con el recientemente fallecido papa Juan Pablo
II y tras el concilio Vaticano II, la Inquisición estaba
funcionando a toda máquina, de otra manera claro, especialmente en
contra de los teólogos morales norteamericanos, centroeuropeos, los
teólogos africanos y latinoamericanos de la liberación y los
representantes asiáticos del diálogo entre las religiones.
Pio XII, el hombre que tras la II gran guerra excomulgó a todos los
miembros del partido comunista en el mundo, no se le ocurrió hacer
lo propio con los “católicos” Hitler, Himmler o
Goebbels.
Tampoco puede silenciarse el papel jugado por la iglesia en el
apoyo no sólo al nazismo, al fascismo o al exterminio de judíos,
sino en las matanzas de la guerra civil española y en el apoyo de
gran parte del clero cristiano a las dictaduras más infames del
planeta. Siempre ha habido sacerdotes bendiciendo a los
torturadores y los escuadrones de la muerte en Chile, Grecia, Perú,
Bolivia, Argentina o Indonesia.
Ni siquiera Juan Pablo II excomulgó a los causantes de la
“guerra preventiva” en Irak. El poder y la Iglesia,
siempre de la mano.
Con todo lo expuesto no es de extrañar que en los últimos cuarenta
años transcurridos desde el Concilio, los asistentes a las iglesias
hayan disminuido en dos tercios, los bautismos a la mitad y el
números de candidatos al sacerdocio esté en mínimos
históricos.
Debo incluir una nota de última hora. En una reciente y amigable
charla con mi amigo y vecino de la infancia y hoy sacerdote jesuita
D. José Luis Sánchez Girón, le expuse mis comentarios y le insté a
que leyera este artículo a pesar de su condición y ahora, por mi
enorme respeto a personas como el, me veo en la necesidad de
aclarar algunos conceptos.
Pienso que si bien Jesús no fue en exclusiva el hijo de Dios,
porque creo que todos somos sus hijos sin excepción, si fue uno de
los hombres espiritualmente más avanzados que han pasado por la
tierra y que por el momento y el lugar en el que nació, su
carácter, la esperada llegada del Mesías, etc., tuvo una relevancia
más que notable que marcaría el futuro de la Humanidad. Sus
enseñanzas y su coherencia ("por sus actos les conoceréis") han
llevado y siguen llevando a hombres y mujeres de todos los lugares
del mundo durante más de 2.000 años a darlo todo en ayuda de los
demás. La institución de la Iglesia, en cualquiera de sus
variantes, ha sido el vehículo por el que tantas personas se han
entregado al prójimo como bien nos enseñó y han realizado todo tipo
de buenas acciones en favor de los demás. Ama al prójimo como a ti
mismo.
Hasta la llegada de Constantino, sólo había pequeños grupos
dispersos que se dedicaban como podían a enseñar la doctrina de
Jesús y él fue quien aunó o más bien impuso una doctrina como
dominante que hasta hoy se mantiene, con las escisiones y
desmarques que otras corrientes han promovido. El problema empezó
ahí, cuando quiso y consiguió utilizar las creencias más sagradas
de las personas como vehículo de poder y control.
Jesús no habló de ninguna Iglesia ni de jerarquías ni norma alguna,
sólo predicó con el ejemplo y mostró el camino que toda persona
debería seguir para llevar una vida más cercana al Padre o como
queramos llamarle.
José Luis me decía que es muy fácil atacar al grande y criticar los
errores que todo cristiano coherente admite que hubo a lo largo de
la Historia. Lo se y por eso quiero no sólo aclarar por medio de
este artículo las mentiras de esta todopoderosa institución, sino
valorar a algunos hombres que están dentro y que se valen de este
entramado para hacer el bien.
Si creo y respeto profundamente a todas aquellas personas que
valiéndose o no de cualquier religión han promovido la ayuda al
prójimo, la tolerancia, la comprensión, el amor, la colaboración, y
cuantas acciones uno pueda llevar a cabo para ayudar al más débil,
al necesitado, que fue en realidad lo único que nos vino a decir.
Valiéndose o no de cualquier corriente religiosa, y dándole las
gracias a esas "eklesias" por su ayuda en la gestión, coordinación,
infraestructura, orden, apoyo económico, etc., esos "fieles"
merecen todo mi respeto y admiración y no quiero terminar este
extenso relato sin pasarlos por alto. El resto es un invento del
hombre que como siempre se deja llevar por su afán de poder.
Animo a todos los que crean en esto, que lean el libro "La vida de
Jesús dictada por él mismo". Es un interesantísimo libro, muy
difícil de encontrar por cierto, en el que desde "el más allá",
dicta a varios autores por medio de la escritura automática (una
técnica por el que una persona en una situación mental adecuada,
sirve de vehículo para que otra, esté donde esté pero desde allí,
hable a través de el), cómo fue su vida, lo que hizo y lo que no,
lo que dijo y no dijo. En definitiva, la verdad. Cuesta creer que
esto pueda pasar, pero no es el único ni el último libro "dictado"
de esta manera, y si podéis abriros a esa posibilidad, el contenido
es muy asombroso y clarificador.